jueves, 4 de junio de 2015

Payaso triste

Laura nunca había ido a un circo y desde que en un descampado cercano a su casa habían puesto uno, no paraba de pensar en ello. Cuando iba a clase todos sus compañeros que ya habían asistido al evento lo comentaban entusiasmados, como si nunca antes se hubieran divertido tanto sus cortas vidas.Para ellos no tan cortas, para sí mismos ya eran unos expertos sobre el mundo.
Laura insistía e insistía a su madre para ir. Y su madre siempre le daba largas. Aunque eran unas largas ocultas, ya que le tenía preparada la sorpresa de que el día de su cumpleaños, que se aproximaba la llevaría sin pensarlo.
Esa mañana su madre la despertó con una pequeña tarta con un número encima “9” y le pidió que la soplara y pidiera un deseo. Acto seguido sacó la entrada del circo. Laura contentísima abrazó a su madre y se dio el lujo de saltar encima de su cama, ya que sabía que al ser su cumpleaños su madre se lo permitiría. Incluso ese día su madre se subió con ella y saltaron juntas.
Llegó el momento esperado. Entraron en la gran carpa de color rojizo y todo lo que había dentro era un mundo distinto. Las personas andaban por los aires, los animales comían y se sentaban como personas, y así infinitamente más. Entonces un payaso sonriente se colocó en el centro del escenario
y empezó a contar que un momento llegaría su mejor amigo Pitiplím y que le tenía preparadas unas sorpresas. Cuando su amigo Pitiplím llegó tenía una alargada cara triste. El primer payaso le preguntó qué le preocupada y acto seguido le pisó un pie con el gigante zapato, le echó agua en la cara de una flor y cogió un gran martillo y le dio un golpetazo en la cabeza. El público sonó un gran estruendo de carcajadas. Pintiplím lloraba y lloraba con grandes chorros de agua que le salían de los ojos. Así durante un gran rato el payaso alegre estuvo haciendo llorar a su amigo con diversos golpes y tomaduras de pelo.
Cuando salieron del circo la madre le preguntó a su hija que si lo había pasado bien. Laura no contestó, andaba cabizbaja. Así durante un buen rato.
-¿Mamá, por qué las personas somos tan crueles?
-¿ Por qué dices eso?
- No entiendo por qué el payaso alegre hacía tanto sufrir a Pitiplím, además, al principio lo presentó como su gran amigo, lo vio triste y en vez de alegrarlo estuvo hundiéndolo más y más. El pobre Pitiplím sufría y todos el público se reía a carcajadas. Hasta vi a un señor llorando de risa. Mamá, se que todo era mentira, que el martillo era de plástico y que esos zapatos no hacen daño.¿Pero y si fueran reales?- Hizo una pausa- No entiendo la necesidad y el disfrute de las personas al ver a otra sufriendo. No lo entiendo.
La madre de Laura miró adelante y no supo qué contestar.

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